me sentaré, a tu lado, en el escritorio de la pieza
que está al lado de tu lado. estaré allí, día y noche, buscando, investigando,
recolectando lo necesario para que entiendan que están equivocados, que no es
así como lo han pintado, que en verdad lo han ensuciado.
leere, libros y libros, escucharé cassete y
cassete, y tu no lo sabrás. me servirás el café, me traerás el plato al
escritorio, y me disculparé por no ir a compartir contigo a la sala, pero
necesito encontrarle, y tu aún no lo sabrás.
despertaré una mañana, una madrugada, ya no sé
cuándo es, saltaré del lecho, y tu en tu sueño de acero seguirás, sin saber
nada. tomaré mi abrigo, abrocharé mis zuelas y saldré desparramado por la
puerta para dar el tiro de gracia, palabra tras palabra, libros bajo el brazo,
marcadores de páginas quemándose, a punto de ser enunciados, para que ellos lo
entiendan de una vez por todas, y tu no sabes nada.
y fui derrotado, aun falta demasiado, para
solucionar la disyuntiva, que no sólo te afecta a tí, sino a muchas más. y
volveré a casa lento, cansado, deshojado, abultado de letras en tinta negra de
mala calidad, y tu no lo sabías.
y me muero en la silla, y me muero en el lavamanos,
y me muero en el escritorio, y me deslizo boca abajo sobre nuestro lecho, y tú
acariciandome las orejas acercarás tu boca y susurrarás que estás feliz que te defienda, pero que no
se me vaya la vida en eso, que tu eres un mal engaño, un mal argumento, que
estás perdida, que mi causa está perdida, y me dormirás.
y a las ocho treintaycuatro vuelvo a despertar, a
observar la sala, el lecho, la puerta, el escritorio, vuelo hacia el estante de
libros, vuelvo a caer iracundo, vuelvo a sentarme, vuelvo a defenderte, vida
mía, vuelvo a dar mi vida por ti, ansia mía. vida, eres la vida, eres mis años,
y sigues avanzando, siempre culpable, siempre temida, siempre juzgada, siempre
acortada, vida. eres la vida. y se me va la vida en ti, vida.
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